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La Pasion – Visiones de María Valtorta

No merece la muerte. Juan Pablo Uchiha 4 de septiembre de , 4:

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Visitas en vivo Live Traffic Stats. Rosario desde el aire. Rosario desde el aire 2. Datos personales Ernesto Della Riva. Unas cuantas palabras a nuestro vocabulario insultante no vienen mal.

Hay que aprender a insultar con elegancia y de paso, obligar al otro Rodrigo Fraga La sensualidad en los libros existe desde la antigüedad, muchos han sido los autores que han creado novelas con al Tipos de violencia escolar.

Suscribirse a Entradas Atom. Subscribe via email y recibiras las actualizaciones Enter your email address: Es hora de llevar a la Madre donde el Hijo. Juan reconoce a Judas, a pesar de que quede bien poco del bien parecido Judas de poco tiempo antes.

El Maestro ha sido condenado. Lleva envuelta la cabeza en los harapos del manto. La gente, la poca gente que no ha ido hacia el Pretorio, se aparta como si viera a un loco; y es lo que parece.

Vaga por los campos. Quisiera beber en los regatos y en las fuentes. No puede porque el agua le parece sangre, y lo dice: Dos veces ve la fila que serpea por la subida. Mira, mira como alucinado.

Que la muerte te cierre esos ojos que me dan miedo, esa boca que me maldice. Dos hilos de baba cuelgan de la boca, de esa boca que grita. Como un verdadero demonio. Elige un olivo que valga para ese fin. Yo ha hecho el nudo corredizo. Luego mete la cabeza en el nudo corredizo. Ahora parece tener dos collares rojos en la base del cuello.

El nudo le estrangula. Pone en blanco los ojos, se pone negro por la asfixia, abre la boca, las venas del cuello se hinchan, se ponen negras. Luego la boca se abre para pender de ella la lengua obscura y babosa. Los globos oculares quedan al descubierto, saltones, mostrando el bulbo blanquecino inyectado de sangre. El iris desaparece hacia arriba. Visiones — parte 3. Opuso resistencia a todo. Cuando uno cae sin voluntad de caer, Yo perdono.

Mi Pedro no era cobarde. Yo defiendo a mi Pedro. Pero en aquel momento no estaba presente la voluntad espiritual: El culpable ve en todo sombras de miedo. Las crea la conciencia. Si se hubiera arrojado a los pies de mi Madre diciendo: Meditad sobre lo que quiere decir persistir en la culpa.

Por eso debes sufrir esto. Todo el tiempo precedente ha quedado anulado. Nosotros, los castos perfectos. Ninguno estaba excluido de este amor. Suelta baba y arroja espuma, ruge y blasfema. Sangre sobre la Tierra, derramada por mano fraterna.

La Tiniebla os insidia continuamente. Que se marchara, pues, este rey abatido y despojado de sus dones; que se fuera con su riqueza, obtenida con violencia, y que se la llevara consigo a la tierra de exilio, para que le recordara siempre su pecado.

Eva estaba cargada de su pecado. Y quien escarnece a Dios no respeta a nadie en el mundo. Dios es vuestro Rey, no vuestro siervo. Dios os ha dado inteligencia y fuerza para dominaros. Pero Dios lee los corazones.

El que ya no es ser que el Cielo lleve en su memoria, ese hombre de alma muerta, animal es que se estremece por su vida animal.

Y, como alucinados, ven por todas partes venganza ya pronta para descargarse contra ellos. El arrepentimiento va creciendo en ella ante las pruebas de su pecado. Quiso conocer el bien y el mal. Y el recuerdo del bien perdido es para ella como el recuerdo del Sol para uno que, al improviso, hubiera quedado cegado. Venir a ser, pues, los sacerdotes que desde la Tierra oran por los hermanos. Juan va a recoger a la Madre. Ahora se le ve ajado, como por causa de una grave enfermedad, y como exangüe.

El pelo, mate; despeinado. Besa el mantel en el lugar donde el Maestro ha tenido unidas las manos. Se levanta y piensa. Los coge, los dobla, los acaricia, los besa. Se acerca a la escalerita. Sube por ella, encorvado, con paso reluctante y moroso. Juan levanta la cabeza y la mira. Abre la boca queriendo hablar, pero no lo consigue: Agacha la cabeza, con un sentido de vergüenza por su debilidad.

Ya te ha perdonado. Nunca ha tenido en cuenta este momento tuyo de desconcierto. Desde ayer noche le he seguido en su dolor. Pero ahora… ya no veo. Juan recoge los objetos que estaban en el suelo y sale para llamar a las mujeres. Y jadea tanto, con la boca abierta, que parece faltarle el aire.

Y fuera hace sol. Tiene ya desatadas las manos. Es agua y miel. Pero no quiere sufrir menos. Longino sube a la silla y va a su lugar, unos dos metros por delante de los once de a caballo. Veo que la traen ya formada. Longino da la orden de marcha. Una decuria alrededor de cada uno, haciendo de ala y refuerzo. Pero los soldados se limitan a cumplir con su deber, o sea, ordenan al Condenado que se ponga en el centro de la calle y camine.

Longino aguija al caballo y la comitiva empieza a moverse con lentitud. Acto seguido se pone en el sitio en que estaba: Los soldados, como pueden, le defienden.

Pero incluso al querer defenderle le golpean, porque las largas astas de las lanzas, blandidas en tan poco espacio, le golpean y le hacen tropezar.

Pero, llegados a un determinado lugar, los soldados hacen una maniobra impecable y, a pesar de los gritos y las amenazas, la comitiva tuerce bruscamente por una calle que va directamente hacia las murallas, cuesta abajo, una calle que acorta mucho el camino hacia el lugar del suplicio. El sudor surca su rostro, junto con la sangre que rezuma de las heridas de la corona de espinas.

Es un camino desnudo que acomete directamente la subida, pavimentado con piedras no unidas, sin un hilo de sombra. Encuentra una piedra saliente. Estando agotado, levanta muy poco el pie, y tropieza. Cae sobre la rodilla derecha.

De todas formas, logra sujetarse con la mano izquierda. La gente grita de contento… Se pone en pie de nuevo. La gente llega incluso a aplaudir por el contento de verle caer tan mal…. Se reanuda la marcha, con una lentitud cada vez mayor, a pesar de todas las incitaciones. La gente ve esto y grita: Y otros, que no son pueblo, sino sacerdotes y escribas, dicen burlonamente: La masa vil, ante las lanzas refulgentes y amenazadoras, se distancia gritando, bajando sin orden ni concierto por el monte.

Cae a lo largo. Se golpea la cara contra las piedras desunidas. Permanece en el suelo, bajo la cruz, que se le cae encima. Los soldados tratan de levantarle. La mayor parte son mujeres, que van llorando veladas. Luego se aproximan resueltamente. Luego devuelve el lienzo y habla: Dobla la ladera del monte.

Vuelve casi al frente, hacia el camino escarpado. Juan la mira con una piedad desolada. Ahondados los carrillos, como por enfermedad. Y Longino menea la cabeza mientras la sobrepasa seguido por los once que van a caballo.

Pero con Longino no se juega. Repite la orden de una forma que el hombre lanza los ramales a uno de sus hijos y se acerca. Luego vuelve a hablarle al Cireneo: Da una voz a los muchachos: Veo que incluso entre los romanos, y son hombres de armas, no noveles en materia de muertes, marcados por cicatrices…, hay un impulso de piedad. Y media centuria pone por obra la orden: Al lado de ellos hay piedras y tierra ya preparadas para calzar las cruces.

De otros agujeros, sin embargo, no han sacado las piedras. Las otras se han marchado. El monte hormiguea de gente en los tres lados que no descienden con fuerte declive. Ya no se ve la tierra amarillenta y desnuda, la cual, bajo el sol que aparece y se oculta, parece un prado florecido lleno de corolas de todos los colores, debido a.

Visiones — parte 4. Muerte al blasfemo galileo. Se hace subir a los condenados. En cuanto llegan los condenados al palco malhadado, los soldados circundan la explanada por tres de sus lados. Tienen en sus manos clavos, martillos y cuerdas. Y muestran burlonamente estas cosas a los tres condenados. La muchedumbre se excita envuelta en un delirio cruel.

Los dos ladrones, por el contrario, beben mucha. Los dos ladrones lo hacen sin pudor alguno. Los verdugos ofrecen tres trapajos a los condenados para que se los aten a la ingle. Se lo quita sin dejar caer el manto. Y empiezan a cantar, con tono de salmo: Su tronco es marfil veteado de zafiros. Se extiende y pone la cabeza donde le dicen que la ponga.

Abre los brazos como le dicen que los abra. Estira las piernas como le ordenan que lo haga. Ahora su largo cuerpo, esbelto y blanco, resalta sobre el madero obscuro y el suelo amarillo.

Un tercer verdugo le toma el brazo derecho y lo sujeta: El cuarto, que tiene ya en su mano el largo clavo de punta. Salmo 45, 3; Cantar de los cantares 5, ; y alusiones a: Se pasa a la izquierda. El agujero no coincide con el carpo. Se resignan y clavan donde pueden, o sea, entre el pulgar y los otros dedos, justo en el centro del metacarpo. Me revelan toda la tortura de Cristo. La muerte me resulta consoladora, porque digo: La cruz rebota sobre el suelo desnivelado y zarandea al pobre Crucificado.

Todo el peso del cuerpo se echa hacia delante y cae hacia abajo, y los agujeros se ensanchan, especialmente el de la mano izquierda; y se ensancha el agujero practicado en los pies. Por fin, la cruz ha quedado asegurada y no hay otros tormentos aparte del de estar colgado. Media centuria de soldados con las armas al pie rodeando la cima. Su mirada penetrante no se pierde ni un detalle, y para ver mejor se hace visera con la mano porque el Sol debe molestarle.

Y cuando el Sol vuelve a aparecer es tan intenso, que a duras penas lo soportan los ojos. Toda la infamia, la crueldad, el odio, la vesania de que, con la lengua, son capaces los hombres quedan ampliamente testificadas por estas bocas infernales. Y saduceos y herodianos a los soldados: Una muchedumbre, en coro: Otros que pasan y menean la cabeza: Y silban como carreteros.

Otros, mimando los hosannas del domingo de ramos, lanzan ramas y gritan: Tiene que servir para tus seguidores. Y se acercan, hacia las mujeres. Las otras vuelven donde ella. El mundo es de los astutos y Dios no existe.

Y el tronco revela todo su sufrimiento con su movimiento, que es veloz pero no profundo, y fatiga sin dar descanso. Recuerda que naciste de una mujer. Y piensa que las nuestras han llorado por causa de los hijos. Y el otro incrementa: La engalladura es lo bastante larga para redondearse airosamente. Sobre todo teniendo la cabeza casi horizontal.

La crin es fina y poco poblada; la cruz bien saliente, aunque no cortante. El lomo recto y delgado; las verdaderas costillas muy largas, y las falsas muy cortas. Las partes posteriores, el lomo y la grupa, tienen particularmente una fuerza notable.

Sus piernas son delgadas y nerviosas, y sus tendones destacan perfectamente del hueso. Su pie es excelente y terminado por un casco extremadamente duro. La piel sumamente fina. La crin larga y sedosa. Independientemente de su altura. Son muy sueltos y enjutos de cuerpo, aunque de formas redondeadas y graciosas. No hay vallados ni zanjas que no salten con tanta ligereza como las ciervas. El pelaje es abundante y la piel fina. El pelaje, fino y sedoso, presenta reflejos dorados, plateados y bronceados, que no se observan sino en los individuos de origen oriental.

Imitan el brillo de la seda. Las articulaciones son anchas y fuertes. No bebe sin haber agitado antes el agua con los pies o la boca. Los ojos y las orejas se agitan continuamente; y mueve el cuello de izquierda a derecha, como para hablar o pedir alguna cosa. En el movimiento es cuando se ponen de manifiesto sus grandes dotes. Este conjunto anuncia a un mismo tiempo el vigor y la agilidad.

Levantando el cuello y la cabeza para protegerle. Se puede decir que anda continuamente. Anda con su amo, anda para buscar su comida, recorre grandes distancias para encontrar su bebida. Relincha hasta que alguno se acerca y le socorre. Si alguna vez el jinete vencido por el cansancio se echa a dormir en medio del desierto, el caballo se mantiene tranquilo a su lado.

Es un servidor de la familia. Estudian sus costumbres, sus menesteres. Le cantan en sus canciones, le alaban en sus conversaciones. No sabe ni leer ni escribir. Sin embargo conocen como nadie a sus caballos y lo que puede esperarse de ellos. Pero no son sino mestizos. Visir , uno de los mejores padres de la antigua raza ducal de Dos Puentes, no era tampoco bonito.

Kaunitz para traerlo a Europa. Le compone poemas, le celebra en sus cantos, y le convierte en tema favorito de todas sus conversaciones. Cuando el Todopoderoso quiso crear el caballo, dijo al viento del sur: Distinguen las razas por nombres diferentes, y hacen de ellas tres clases: La segunda la de los caballos de raza antigua, pero mezclada.

Y la tercera la de los caballos comunes. Pero los de la primera clase y los de la segunda entre los cuales se hallan algunos tan buenos como los de la primera son siempre excesivamente caros. Sabed que ni los habitantes del Sahara argelino, ni los del Tell se ocupan de semejantes apuntes. La notoriedad es bastante para ellos. Se asegura que su origen es de dos grandes tribus Hermiarites: Esas tribus vinieron antes que Mahoma.

Entre ellas los Biahh. Se esparcieron desde Kairnan a Marrakech Marruecos. Porque los emplean con frecuencia para arar, para llevar cargas, para el tiro y otros trabajos semejantes. Porque hacen montar las yeguas por burros. Sobre ese particular cuentan la historia siguiente: Un hombre caminaba sobre un caballo de raza. Se encuentra con su enemigo igualmente montado sobre un noble corcel.

Uno persigue al otro, y el que da alcance nota que gana terreno el que huye. Perdiendo esperanza de alcanzarle, le dice entonces: Por la cabeza del Profeta, estoy seguro de alcanzarte. No hay nada que ganar en mudar los designios de Dios. La mayor parte de los que se han comprado bajo este nombre pertenecen en realidad a otras razas inferiores.

No sucede lo mismo con las yeguas: Los Kadischi , literalmente caballos de raza desconocida, que corresponden a los caballos de media sangre. La raza mas inferior tiene el nombre de Attechi. Se tiene mucho cuidado en preservar a las yeguas de todo contacto impuro. Al contrario, algunas veces hacen cubrir yeguas de una raza inferior por caballos Koclani.

Entonces el potro se considera de la raza materna. Permanece imbatido desde el cinco de febrero de 1. Todos los caballos del Yemen son buenos y animosos. Robustos y duros para el trabajo, tienen una talla aventajada.

Parecen caballitos de pura sangre occidental, bien robustos. Los caballos del Hedjaz. Los caballos de Siria. Los ingleses les compraron muchos caballos. Los turcos comunes estropean muy pronto a sus caballos por la manera irracional con que los tratan. Pasan buena parte de su vida con los cuatro pies atados, sin poder echarse. Los caballos de Egipto. Tienen estos caballos fama de ser muy vivaces y ligeros. Las cualidades de este animal no son consecuencia del mejoramiento de la raza por el hombre.

Son efecto del clima, de la naturaleza y de la comarca. Ha luchado siempre, bien para atacar o para defenderse. Por su vigor, por su facilidad en el resuello y la rapidez de la carrera. Las espaldas descarnadas y planas. La cruz delgada y bastante elevada. Lomos cortos y rectos.

El ijar y las costillas redondeadas, sin demasiado vientre. El muslo bien formado y rara vez plano. Las piernas hermosas, bien hechas y con poco pelo. Los tendones desprendidos y el casco bien formado, pero la cuartilla larga, generalmente. Los mejores son los de Marruecos. Los franceses los prefieren para padres. La experiencia ha demostrado que en Europa engendran potros mayores que ellos. Este caballo fue comprado en Paris, donde tiraba de la carreta de un aguador.

Se ha perpetuado sin mezclas. El caballo tiene cuarenta remolinos en el pelo. Dicen que no son ni de bueno ni de mal agüero.

Y doce a los que atribuyen influencia. En cambio otros atraen la desgracia. El que se halla al lado de la cola indica miseria y hambre. El rojo oscuro, que dijo a la disputa: Cuando galopa bajo del sol, es el viento. Quieren que sea oscuro, con la cola y las crines negras. El negro tiene buena suerte, pero teme a los terrenos pedregosos. Es el hermano de la vaca. El isabela con la cola y la crin blancas. Hay ciertas tribus que no quieren que pase entre ellas ni una sola noche.

Este color atrae las desgracias. Prefieren el caballo sin calzados blancos en los pies. Con una estrella en la frente o una raya, que debe bajar hasta el hocico del caballo. El amo de semejante caballo no puede menos de ser feliz.

Nunca compran un caballo de bella fachada cuatralbo, porque dicen que lleva consigo la mortaja. El hombre que esperaba su potro.

El precio se redujo a cincuenta monedas. Vino enseguida el pie izquierdo. No quiso conservar semejante animal. Unos quieren los caballos negros, otros los caballos tordos.

Unos bayos y otros alazanes, etc. El de pecho estrecho y hundido, con el cuarto delantero flaco y perpendicular. La cruz gruesa y de poca prominencia. Porque no se puede asegurar perfectamente la silla sobre el caballo. La ranilla larga y floja. El caballo que no ve por la noche o cuando hay nieve. Lo que se conoce en el modo de levantar los pies en cuanto comienza a oscurecer.

Las orejas largas, blandas y colgantes. El cuello tieso y corto. Tienen en poco a los caballos que no se acuestan. Y a los que menean a un lado y a otro la cola cuando corren. Desprecian los caballos que se rascan el pescuezo con sus pies. A los que se apoyan sobre la punta del casco , y a los que se alcanzan. No puede evitar alcanzarse.

Del que prueba el agua con la punta de los labios. Y lo mismo de los que hacen los excrementos desiguales. El caballo que tiene paso de andadura no puede convenir para un jefe. Se montan solamente por los mensajeros. Son defectos graves para la guerra. El que no pasa de tres, es un caballo pesado. Un caballo de mucho ardor puede no tener resistencia contra el cansancio. La falta de una de ellas influye sobre su resistencia y puede disminuir su ardor.

Aun cuando le hubiera atravesado una bala. Pero aconsejan sobre todo no comprar nunca un caballo enfermo o herido. El comprador usa de la yegua para la guerra, la caza, los viajes y la echa al caballo. La otra parte es para su socio. Y reembolsa cincuenta monedas al vendedor. No hay lugar al reembolso. Entonces lo venden y el dinero se reparte a partes iguales. Y el vendedor tiene el derecho de elegir entre la madre o la hija, recibiendo o devolviendo la diferencia.

Abd-el-Kader responde a Daumas. Como el mejor modo de darle de beber es cuando tiene la brida puesta. Dicen sobre este particular: Dicen, entonces, que es un tesoro inapreciable. Aseguran que esa costumbre es muy provechosa. Por la tarde le hace engordar.

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